Dulce Navidad

Lo que nos define como seres humanos es el rasgo social. Comúnmente se dice que estamos diferenciados de las otras especies debido a nuestra capacidad para empatizar, de pensar en conjunto y entender la mente del otro. Pero ¿podemos medir la humanidad? ¿es posible tener más o menos que otra persona? ¿se puede nacer con humanidad y perderla en el camino? Parece que sí. Esta pareciera abandonar a algunos individuos en ocasiones, como cuando alguien es capaz de quitarle la vida a otra persona, siendo tildado de inhumano por ese comportamiento salvaje, o como en este caso, cuando la mugre excesiva, ennegreciendo cada rincón del cuerpo, y el desquicio mental desdibujan el ser. Cuando el bazuco y el alcohol se convierten en hábitos tan fuertes que llegan a tomar el control de la persona y logran hacerlo desprender de su vida anterior, cualquiera que ésta haya sido, sin importar estrato ni condición, para comenzar una nueva, en el reino de la calle, sometidos a sus propios códigos y leyes. Entonces nos topamos con ellos, nosotros, los que somos “más humanos” y los vemos con sus exóticas apariencias, profundos olores y miradas perdidas. Los nombramos “desechables”, nos cambiamos de acera, tememos por nuestra seguridad o, en el mejor de los casos, miramos hacia otro lugar, intentando percibir cosas que nos resulten más agradables, logrando camuflarlos con el paisaje.

habitantes de calle del barrio el tapón en Bello, Antioquia

Y es que precisamente como es una problemática mundial, este es un paisaje cotidiano el cual, de tanto ser visto, terminó por convertirse en costumbre en decenas de países, como en el nuestro, y, por su puesto, en Bello, mi cuidad, que no es la excepción.

En Bello, existe un sector ubicado en los costados de la quebrada La García llamado El Tapón. Si lo buscas en internet no encontrarás la historia de grandes personajes nacidos allí (que los debe de haber) ni nada semejante. Solo aparece la ubicación en el mapa y algunas desfavorables y desafortunadas noticias. Unas hablan de las grandes necesidades para sus habitantes generadas a raíz de olas invernales que los han golpeado fuertemente con inundaciones y derrumbamientos donde algunas familias lo han perdido todo. Otros titulares mencionan la demolición de una estructura en el sector que operaba hace tiempo como una de las mayores ollas de vicio, terrenos que serían aprovechados luego para la construcción de parques que transformarían por completo la imagen del lugar. El edificio si fue demolido, pero esto no acabó con la problemática y hoy en día se encuentra reunida en el lugar una gran cantidad de población habitante de calle, podría decir que de las mayores en el municipio. Y sobre la situación de inseguridad, salud pública, drogadicción, etcétera, bueno, ya se imaginarán.

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habitantes de calle del barrio el tapón en Bello, Antioquia
habitantes de calle del barrio el tapón en Bello, Antioquia

El Tapón es un barrio normal. Tiene casas de dos y tres pisos, con algunas fachadas en obra negra, pero la mayoría pintadas o con decoraciones en baldosa y granito. Se pueden ver muchas motos y carros estacionados en los frentes de las casas o en algunos garajes y también hay locales comerciales como tiendas, bicicleterías y talleres de motos. Al frente del tapón se encuentra el polideportivo Tulio Ospina, lugar destinado al deporte y la vida saludable. Justo enseguida se encuentra el Distrito de Policía San Quintín, donde es obvia la constante (y no poca) presencia de uniformados en el sector. El barrio y el polideportivo están separados por la quebrada y la autopista norte y es justo en el puente que los divide donde se instalaron los habitantes de calle. Allí viven, ubicados a lado y lado de la carretera, en cambuches en la orilla del río o amontonados en la acera, sentados en la basura o refugiados debajo del puente. El lugar está repleto de personas de todas las edades, jóvenes y adultos, hombres y mujeres, todos ellos con algo en común. Estuvieron algún día con sus familias, compartiendo la cena entre seres queridos o descansando acostados en una cama bajo techo; pero a cada uno les faltaba algo, diferentes cosas …, casi siempre progresar y salir adelante, olvidar algún dolor muy grande o escapar de alguien. Todos ellos salieron en búsqueda de algo, lo que haya sido, y sin tener suerte terminaron extraviados sin salida en el Tapón.

habitantes de calle del barrio el tapón en Bello, Antioquia
habitantes de calle del barrio el tapón en Bello, Antioquiahabitantes de calle del barrio el tapón en Bello, Antioquia

Entre ellos, por mencionar algunos, está Jhon Sergio Cárdenas, que aún conserva el acento de su natal Bogotá, de donde salió hace tiempo hasta Girardota llegando a casa de sus familiares, y debido a sus problemas, como él lo dice, lo sacaron y terminó en las calles, junto a su perro Yeiko que camina luciendo unas gafas de sol y pañoleta; con el que juega y abraza fuertemente demostrándole su gran e incondicional cariño.

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A Luis Fernando Palacio le dicen “El Profe”. Fue estudiante en la Universidad Nacional hasta quinto semestre, de donde se salió aburrido por los paros que duraban eternidades. El profe llegó a enseñar en la Universidad de Antioquia y daba clases particulares de matemáticas, física y trigonometría. Habla en voz baja y de forma tranquila, no luce alterado como otros y parece mantener la cordura, algo que escasea en muchos de los habitantes del sitio.

Juan Esteban tiene el cabello largo y enmarañado, tiene un bigote tan descuidado como su dentadura. Está sentado al lado de una bolsa repleta de reciclaje. Conversa con las personas y les cuenta cosas, les explica la manera en la que viven los habitantes de calle y algunos códigos que manejan. Es decente y genera confianza. Si no fuera por su apariencia en ese momento Juan Esteban podría ser cualquier amigo nuestro que estuviera acompañándonos, y ese es el punto, eso es lo que genera reflexión y causa impotencia.

Pero en esta historia donde el mismo diablo se les apareció a estas personas y los sedujo hacia el infierno con las fumadas de pipa y los tragos de chirrinchi también hay ángeles de esos que no tienen alas y que ayudan al prójimo de manera desinteresada.

Uno de ellos es Jhon Jairo Piza quien, junto a su esposa Mabel Torres, lideran la fundación Volver a Empezar. Allí hay todo un grupo de voluntariado que se encarga de hacer labor social como prevención de violencia sexual en jóvenes, acompañamiento a hogares transitorios para mascotas y, como el día en que lo conocí, llevando una Dulce Navidad a los habitantes de calle del Tapón.

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John Jairo ya el día anterior había hecho el mercado y preparado todos los detalles. Por redes sociales se había anunciado el evento invitando a todo el que quisiera unirse para ayudar. Ese día madrugó y llegó al sitio temprano. También fueron llegando uno a uno los voluntarios de la fundación. Asearon el lugar, montaron la olla con el chocolate, hicieron las mesas con manteles y comenzaron a preparar los desayunos. Tropicana, una emisora local, acompañó el evento con un carro tarima y uno de sus locutores. En esa tarima, cumpliendo el sueño de mostrar su música en concierto, de la cual ya tiene algunas canciones propias subidas en Youtube, se subiría Andrés Leonardo Herrera Mosquera, quien salió del estado Acarigua en Venezuela en febrero del presente año. Se vino caminando para Colombia en búsqueda de trabajo, con el propósito de traer luego a su esposa y sus hijos. Es un nómada, como él dice. Ha caminado las calles de Bogotá y desde hace mes y medio llegó a Medellín, conoció el Tapón y allí se quedó porque según él, es un paraíso para quien le gusta el vicio y a él que cayó en ese estilo de vida, ahora le es difícil salir por su cuenta de este ciclo infernal.

Con la Dulce Navidad de John Jairo y la fundación Volver a Empezar, el pasado sábado 17 de diciembre, los habitantes de calle pudieron quitarse, por un momento, el amargo de sus bocas, y de sus corazones, disfrutando de un desayuno caliente. También compartieron natilla, buñuelos y pudieron escoger una muda de ropa.

Pude ver como el simple hecho de acercarnos, compartir con ellos, ofrecerles un plato de comida, sentarnos a su lado a conversar y con gestos mínimos como colocar una mano en el hombro y acercar el oído prestando atención a lo que dicen, se puede tocar tantas fibras de parte y parte, porque la reflexión es compartida. Uno se cuestiona por muchas cosas y en ellos, al menos en algunos, pareciera estar el deseo de regresar sus pasos y encontrar de nuevo el camino que perdieron.

Por Mauricio Arango Alcaraz

Diciembre 17 / 2022

Mauricio Arango Alcaraz. Comunicador audiovisual y director de la productora @pelosneci0sMedellín – Colombia 2022

https://sites.google.com/view/comerconlamirada/historias/dulce-navidad?authuser=0&pli=1

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