Jóvenes en riesgo: el avance silencioso del tusi en el Valle de Aburrá

Una amenaza creciente para la salud de adolescentes y jóvenes

Durante los últimos años, el consumo de drogas sintéticas ha experimentado una preocupante expansión en Colombia. Entre ellas, el tusi, conocido popularmente como «cocaína rosada», se ha convertido en una de las sustancias de mayor crecimiento entre adolescentes y jóvenes debido a la falsa percepción de que se trata de una droga recreativa menos peligrosa que otras sustancias ilícitas.

Sin embargo, la evidencia científica demuestra exactamente lo contrario. El tusi representa actualmente una de las mayores amenazas para la salud pública debido a que su composición es impredecible, sus efectos son altamente variables y sus consecuencias físicas y mentales pueden resultar devastadoras.

Esta problemática ha comenzado a impactar con fuerza a los municipios del norte del Valle de Aburrá, donde las instituciones educativas, las familias, las organizaciones sociales y las autoridades enfrentan el reto de prevenir el consumo en una población cada vez más expuesta a las dinámicas del microtráfico y a la normalización cultural de las drogas sintéticas.

¿Qué es realmente el tusi?

Uno de los principales riesgos del tusi es que la mayoría de los consumidores desconocen lo que están consumiendo.

Aunque comúnmente se le conoce como «cocaína rosada» o «2CB», investigaciones recientes han demostrado que en la mayoría de los casos no contiene cocaína ni 2CB en cantidades significativas. Estudios realizados sobre cientos de muestras revelan que esta sustancia suele estar compuesta principalmente por mezclas de ketamina, MDMA (éxtasis), cafeína, colorantes artificiales y otros compuestos psicoactivos. En algunos casos también se han detectado opioides sintéticos y sustancias altamente tóxicas.

Esta composición variable convierte al tusi en una droga impredecible. Dos dosis adquiridas en lugares distintos pueden contener sustancias completamente diferentes y generar efectos opuestos.

El tusi no es una moda, es una amenaza real para la salud física y mental de nuestros adolescentes y jóvenes.

El engaño detrás de la «droga de moda»

Diversos estudios sobre consumo juvenil indican que la percepción de riesgo frente al tusi suele ser menor que frente a sustancias como la cocaína o la heroína.

Su color rosado, la asociación con ambientes festivos, la música electrónica, las redes sociales y ciertos imaginarios de estatus han contribuido a que muchos jóvenes la consideren una droga recreativa «segura». Sin embargo, especialistas en salud pública advierten que esta percepción es falsa y extremadamente peligrosa.

La normalización del consumo ha favorecido su expansión entre estudiantes de secundaria, universitarios y jóvenes trabajadores, quienes frecuentemente desconocen los riesgos asociados a la mezcla de sustancias químicas que contiene.

Consecuencias sobre la salud física

Los efectos inmediatos del tusi pueden incluir:

  • Aumento de la frecuencia cardíaca.
  • Elevación de la presión arterial.
  • Alteraciones de la percepción.
  • Alucinaciones.
  • Pérdida del equilibrio.
  • Náuseas y vómitos.
  • Convulsiones.
  • Desorientación.
  • Episodios de agresividad.

Cuando se mezcla con alcohol o con otras drogas, los riesgos aumentan considerablemente.

Los efectos a largo plazo pueden incluir:

  • Daño neurológico.
  • Deterioro cognitivo.
  • Alteraciones de la memoria.
  • Problemas cardiovasculares.
  • Trastornos urinarios asociados al consumo prolongado de ketamina.
  • Dependencia psicológica.
  • Riesgo elevado de sobredosis.

Afectaciones sobre la salud mental

La adolescencia constituye una etapa crítica para el desarrollo cerebral. El consumo de sustancias psicoactivas durante este período puede generar alteraciones significativas en procesos relacionados con la atención, el autocontrol, la regulación emocional y la toma de decisiones.

Diversos reportes clínicos señalan que los consumidores frecuentes presentan mayores niveles de:

  • Ansiedad.
  • Depresión.
  • Irritabilidad.
  • Trastornos del sueño.
  • Ataques de pánico.
  • Ideación suicida.
  • Conductas impulsivas.

Además, muchos jóvenes experimentan episodios de tristeza profunda y desregulación emocional después del consumo, fenómeno conocido como «bajón», el cual puede prolongarse durante varios días.

Medellín en alerta: casos graves de intoxicación

La preocupación de las autoridades de salud del Valle de Aburrá ha aumentado debido al incremento de casos de intoxicación asociados al consumo de tusi.

Durante 2026, la Secretaría de Salud de Medellín reportó al menos 18 casos de intoxicación grave relacionados con mezclas adulteradas de tusi. Todos los pacientes requirieron atención hospitalaria y varios fueron ingresados a unidades de cuidados intensivos. Incluso se reportaron complicaciones vasculares severas que derivaron en amputaciones.

Aunque estos casos corresponden a Medellín, representan una alerta para todo el Valle de Aburrá debido a la movilidad permanente de consumidores y redes de distribución entre los municipios metropolitanos.

El norte del Valle de Aburrá frente al desafío preventivo

Municipios como Bello, Copacabana, Girardota y Barbosa han experimentado importantes transformaciones urbanas y demográficas durante los últimos años.

Este crecimiento ha traído consigo nuevos retos asociados a la salud mental, la convivencia y el consumo de sustancias psicoactivas entre adolescentes y jóvenes.

La cercanía con Medellín, la conectividad territorial y la expansión de mercados ilegales facilitan la circulación de drogas sintéticas en toda la región metropolitana.

Por ello, las estrategias preventivas deben trascender los enfoques sancionatorios y fortalecer acciones orientadas a:

  • Educación preventiva basada en evidencia.
  • Promoción de la salud mental.
  • Fortalecimiento familiar.
  • Uso adecuado del tiempo libre.
  • Participación juvenil.
  • Deporte, cultura y recreación.
  • Detección temprana de factores de riesgo.

El papel de la familia y la comunidad

La evidencia internacional demuestra que la familia continúa siendo el principal factor protector frente al consumo de sustancias psicoactivas.

Los adolescentes que cuentan con vínculos afectivos sólidos, comunicación asertiva, supervisión adecuada y acompañamiento emocional presentan menores probabilidades de iniciar el consumo.

Asimismo, las instituciones educativas, organizaciones comunitarias y fundaciones sociales cumplen un papel fundamental en la construcción de entornos protectores que favorezcan proyectos de vida saludables.

Un llamado a la acción

El problema del tusi no puede entenderse únicamente como un asunto de seguridad o control policial. Se trata de un desafío de salud pública que exige respuestas integrales basadas en la prevención, la educación y el fortalecimiento de los factores protectores de niños, niñas, adolescentes y jóvenes.

Las cifras de intoxicaciones graves observadas recientemente en Medellín evidencian que esta sustancia representa un riesgo real y creciente para la juventud del Valle de Aburrá. La falsa imagen de una droga «segura» ha contribuido a aumentar su consumo, mientras sus efectos generan consecuencias cada vez más severas para la salud física y mental.

Proteger a la niñez y la juventud implica fortalecer la corresponsabilidad entre familias, instituciones educativas, organizaciones sociales, entidades gubernamentales y comunidad en general. La prevención sigue siendo la herramienta más efectiva para evitar que miles de jóvenes vean afectado su proyecto de vida por una sustancia que, detrás de su apariencia llamativa, esconde graves riesgos para la salud y el bienestar.

Porque cuando se trata de proteger a nuestros niños, niñas y adolescentes, la prevención no es una opción: es una responsabilidad de todos.

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Detrás de su apariencia llamativa se esconden graves riesgos como ansiedad, depresión, dependencia, intoxicaciones severas e incluso la muerte. En la Fundación Volver a Empezar trabajamos por la prevención del consumo de sustancias psicoactivas y el fortalecimiento de proyectos de vida saludables.

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